Remed

ENTREVISTA

¿Cómo definirías tu participación en Truck Art Project?

Sincera.

¿Cómo dialogan, en tu caso, las dos caras del camión?

Ambas forman un poema que se completa.

¿Cuáles son los retos del proyecto para ti?

Crear armonía. Tener poco tiempo para sentir y decir algo relevante y abierto en un contexto evolutivo.

¿Cómo se inserta este proyecto en tu trayectoria y en tu discurso?

Es un obra más. Un lienzo vacío que se llenó. Una intención materializada. Parte del camino. Un recuerdo. Una posibilidad.

Algunos creadores admiten que llegaron con una idea previa que tuvieron que ir modificando o que creció hacia otros derroteros al enfrentarse a un soporte como éste. ¿Ha sido tu caso?

Llegué sin idea. Ni sabía si hacer algo figurativo o escrito. Si utilizar contornos o no, planos o difuminados… esperé a estar frente a la superficie para percibir y elegir. Como el contexto era inestable, porque sabía que la obra se iba a mover y a cambiar de emplazamiento todo el rato, no conseguí tener una referencia ni una guía para empezar a crear. Solo las proporciones del lienzo móvil. También me acordé de algunos camiones pintados hace años y del placer de hacer gestos amplios dibujando con spray. Así que elegí escribir y jugar con mi nombre, Remed, («El Arte como Remedio») por puro placer y como tributo a los miles de camiones pintado por grafiteros desde hace casi 50 años.

Cogí un papel y empecé a buscar unas nuevas letras adaptada a la proporción del soporte hasta que las encontré. Luego tuve que completar la parte derecha de este lado así que jugué con sonidos hasta encontrar un poema de siete palabras sobre tres líneas. Busqué una forma de escribir similar al título pero más caligráfica. He hecho unos tests con el spray en hojas de papel antes de pintar la primera letra en el camión. Cada una está ornamentada a partir de una base mecánica, una «L» repetida a su izquierda. Si se omite, el poema aparece de forma evidente.

El lado completo dice:

«REMED (IO)

El Arte, Parto.

Sincero Acto.

Eterno Pacto.»

En el otro lado repetí el mismo proceso. Encontrar una palabra guía y otro poema corto. Decidí usar los mismos colores, matices de primarios, blanco y negro. En contraste con el otro lado, el fondo es oscuro y las letras tienen luz:

«MIRAR

Arte Remedio.

Atar el Miedo.

Amar el Hecho.»

¿Cómo te has planteado la recepción de una obra como ésta, en la que el espectador se encuentra con ella, no la busca, y que no “circula” por los cauces habituales del arte?

Esta dimensión de la obra es algo que me gusta mucho. Lo veo generoso. Es como un mural honesto, un grafiti consciente o una flor que crece en el cemento. Es una sorpresa, una alternativa. No pretende más que ser y tal vez expandir la percepción de sus testimonios.

¿Y la fugacidad con la que se recibe?

Me gusta la oportunidad de no ser descifrada por completo, la posibilidad de cambiar al espectador por el creador mientras él imagina tal vez otra realidad posible, otro fin a la obra, otra obra.

¿Cómo te has enfrentado a la escala? ¿Estabas acostumbrado a ella?

Sí.

¿Qué te aporta a ti una participación como ésta y qué crees que le aportas tú al proyecto?

Participar en este proyecto me ha permitido crear sin otro propósito que el de experimentar, conocerse y compartir. No tuve la sensación de servir a ningún propósito. Pude crear libremente Espero haber aportado belleza. Esa era la intención principal.

¿Por qué es interesante un proyecto como Truck Art Project?

Un proyecto que permite a un artista expresarse sin un propósito concreto y ofrecer la posibilidad al espectador de crear sin darse cuenta es un regalo para todos. Agradezco a Ink and Movement, Truck Art Project y Fer Francés team por hacer esto posible mediante su iniciativa.

Guillaume Alby, alias Remed (París, 1978), conjuga la influencia de clásicos del arte del siglo pasado, como Modigliani o Léger, así como la sabiduría ancestral del zellige, un tipo de mosaico marroquí fabricado de manera artesanal, con una amplia variedad de matices en color, forma y dimensión. En la misma línea, Remed busca su verdad artística a través de la simplicidad y un lenguaje universal de forma y color. Tras un período de formación, inicia su carrera como artista independiente al tiempo que enseña los fundamentos del Street Art a niños en colegios e instituciones sociales. Su encuentro con el pintor y diseñador argelino Mahjoub Ben Bella supuso un punto de inflexión en su devenir creativo, afianzando su propósito de concentrarse en la producción artística. Tras mudarse a São Paulo en 2006, su trayectoria da un giro radical y Remed comienza a producir grandes murales, desarrollando un lenguaje visual cosmológico y espiritual. Incansable buscador de la armonía del mundo que lo rodea y estudioso de la relación entre las matemáticas y la estética, el artista absorbe el estilo visual y el equilibrio del arte islámico, otorgándole su inconfundible sello. Desde su regreso a Madrid, donde ha fijado su residencia, Remed ha profundizado en el desarrollo de un estilo propio, manteniendo una fuerte presencia en el tejido urbano.