Javier Calleja

ENTREVISTA

¿Cómo definirías tu participación en Truck Art Project?

Mi trabajo con Truck Art Project ha consistido en la realización de un dibujo-pintura que dialogue con el lugar donde se ha realizado. Cuando proyecto una exposición, suelo interiorizar el espacio expositivo y realizo obras que se integren en aquel espacio. En este caso, el proceso ha sido similar al habitual.

¿Cómo dialogan, en tu caso, las dos caras del camión?

El diálogo entre las caras del camión va en función de la visualización que el espectador tendrá de ellas. Los vehículos siempre circulan por la derecha en casi todo los países; así se ven diferentes según si el espectador está en la acera o bien si los adelanta con su propio vehículo o se los cruza.

¿Cuáles son los retos del proyecto para ti?

Cuando realizo este tipo de obra «urbana», el reto siempre radica en los materiales que empleo. No soy un artista urbano, ni un grafitero, por lo que el contacto con los botes de spray siempre es complicado para mí.

¿Cómo se inserta este proyecto en tu trayectoria y en tu discurso?

En mi trabajo hay un amplio abanico de posibilidades, por eso busco aquellas piezas que van más con según que propuestas. En estos casos, realizo imágenes que vienen del cómic o de la ilustración, llevándolas a unas dimensiones que se adecuan al espacio que me proponen intervenir.

Algunos creadores admiten que llegaron con una idea previa que tuvieron que ir modificando o que creció hacia otros derroteros al enfrentarse a un soporte como éste. ¿Ha sido tu caso?

Mi propuesta se decidió in situ en colaboración con el comisario. No sabía qué dimensiones tenía el camión hasta que llegué al lugar en el que se tenía que realizar la obra, así que no decidí nada hasta encontrarme con él.

¿Cómo te has planteado la recepción de una obra como ésta, en la que el espectador se encuentra con ella, no la busca, y que no “circula” por los cauces habituales del arte?

El planteamiento de una pieza en movimiento radicaba en que el espectador sólo tendría unos segundos para verla mientras el camión pasa. Así, la imagen que realizara tenía que ser siempre simple y muy visual.

¿Y la fugacidad con la que se recibe?

La fugacidad de visualización era la principal causa para la decisión y realización de esta imagen. Como he dicho anteriormente, el espectador sólo tiene unos segundos para ello, así que la imagen debía ser muy simple.

¿Cómo te has enfrentado a la escala? ¿Estabas acostumbrado a ella?

Hace tiempo que entendí que a mayor escala mayor es la simplicidad de la imagen a realizar. Eso lo aprendí de Claes Oldenburg.

¿Qué te aporta a ti una participación como ésta y qué crees que le aportas tú al proyecto?

No se que tipo de aportación hago. Eso no me corresponde a mí decidirlo. En mi caso, lo único que me propongo es participar y divertirme con la propuesta.

¿Por qué es interesante un proyecto como Truck Art Project?

Creo que este tipo de proyectos hacen que el arte llegue a lugares que de otra forma no lo harían. No me imagino una exposición mía en cualquier párking de frontera o bar de carretera… De esta forma, mientras una obra mía suele estar unos meses en el mismo lugar, ¡ahora en pocos días estará en cientos!

Javier Calleja (Málaga, 1971), admirador confeso del surrealista René Magritte, coloca al espectador frente a la mirada de unos ojos enormes que provocan la risa; también la reflexión. Son precisamente sus personajes infantiles de aspecto ingenuo y ojos llorosos los que le han procurado mayor fama en los últimos años y han seducido en el mercado asiático. Javier Calleja se dio a conocer en el circuito de galerías y museos nacionales con sus «esculturas mínimas». «Mi trabajo se encuentra en una continua distorsión de la escala, como si de los mundos de Gulliver se tratara…», resume el artista. Pero, tras un pequeño silencio, añade: «De momento». Y de esta manera invita a jugar con los volúmenes: lo pequeño puede hacerse grande y lo grande empequeñecerse. A ciencia cierta sabemos que su labor como creador plástico está evolucionando. Y se balancea hacia otros trampantojos propiciados por la tridimensionalidad. El malagueño, licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Granada (2000), es un habitual de la galería Rafael Pérez Hernando de Madrid, aunque también ha expuesto en el Museo de Huelva (allí recibió una beca Vázquez Díaz), la galería L21, la Fondation Suisse en París, el CAC - Centro de Arte Contemporáneo de Málaga y el Centro de Arte de Alcobendas, así como el CAB - Centro de Arte Caja Burgos o algunas de las sedes internacionales del Instituto Cervantes.