Aryz

ENTREVISTA

¿Cómo defininirías tu participación en Truck Art Project?

Para este proyecto lo que he hecho es básicamente usar imágenes que ya había trabajado y que me permitieran resolver el camión más o menos deprisa.

¿Cómo dialogan las dos caras del camión?

No hay un diálogo entre los dos lados, es más una imagen para un lado y otra para otro. En un lado es una secuencia de una pelea y en el otro unas letras. Sigo la línea de algunos muros que había hecho, en los que trabajaba estructuras, tubos y maquinaria, adaptándolo un poco a las letras de tal manera que sea más como un estampado de color y no tanto unas letras normales.

¿Cómo te has planteado la recepción de una obra como esta, en la que el espectador se encuentra con ella, no la busca, y que no «circula» por los cauces habituales del arte?

Realmente, la gran mayoría de mi trabajo se lo encuentra el espectador; no tiene que ir a un sitio cerrado y entrar por una puerta. Normalmente es un peatón que va por ahí y encuentra la pared. Sí que hay gente que va expresamente a verlo, pero más que nada me centro en la forma, no tanto en lo que va a ser el camión. Está bien que la gente lo encuentre.

¿Y la fugacidad con la que se percibe?

Los muros que trabajo son para ser vistos a distancia y normalmente no son imágenes muy complejas en cuanto al detalle. Entonces ya funciona: por ejemplo, en el lado en el que los coches adelantan al camión está la secuencia de personas peleándose y, en el otro lado, están las letras.

¿Cómo se inserta este proyecto en tu trayectoria y en tu discurso?

Bueno, este es un proyecto más de los que he hecho en un camión, pero con medios adecuados. La mayoría de cosas que he hecho en camiones han sido por mi cuenta, subido a cuatro cubos de pintura intentando llegar arriba. Este es un proyecto que te lo pone más fácil.

¿Qué te aporta a ti una participación como esta y qué crees que aportas tú al proyecto?

Me hace ilusión estar en un proyecto donde participa otra gente muy interesante. El proyecto me aporta tener un camión que va de Madrid a Ciudad Real, es un recorrido en el que mi trabajo no llegaría normalmente y quizá gente de ahí pueda ver mi trabajo, cosa que nunca en la vida habrían hecho. Ahora, no sé si realmente a esa gente le va a gustar o no lo que hago. Yo lo que aporto al proyecto es una caja de camión pintada por un pintor. A diferencia de muchos otros que trabajan la línea o la forma, yo en este caso he trabajado más la mancha. Hay un valor en la pintura que otra gente no puede aportar, aportan otras cosas muy buenas; pero en ese caso en la pintura no aportan nada. Yo creo que es en la pintura donde aporto algo al proyecto.

¿Por qué es interesante un proyecto como Truck Art Project?

Está muy bien que se lleven a cabo proyectos así en la península y que el formato del camión, que es un formato a simple vista aburrido, aporte algo al espectador o a la gente que se cruce con él. Es algo enriquecedor y creo que todos ganamos. Gana el espectador, gana el camionero, gana la empresa de los camiones, ganamos nosotros porque tenemos más visibilidad… Estos proyectos en los que todo el mundo gana se tienen que hacer más.

Aryz (Palo Alto, EE. UU., 1988), reside desde pequeño en Cardedeu (Barcelona). Se define como muralista y considera que la obra es su mejor biografía: «Siempre he creído que es el trabajo el que tiene que hablar por sí solo», asegura. Durante su época de instituto se introdujo en el mundo del hip-hop, puerta de entrada a la escena del grafitti. Comenzó entonces a pintar fachadas en fábricas abandonadas. Internet fue su trampolín para darse a conocer y recibir los primeros encargos. En 2010 decoró su primera pared en Italia. Hoy es un prestigioso muralista y diseñador que ha repartido su obra por medio mundo. Sus características calaveras y animales robotizados pueblan las paredes de lugares tan dispares como China, Venezuela o Madagascar. En la obra de este singular artista conviven el arte callejero y las influencias de la pintura más academicista, cuyo rastro se aprecia en grandes bodegones o certeros retratos. Algunos de sus murales habitados por esqueletos, barcas varadas o animales con gesto de dolor, muestran un marcado pesimismo, aunque el artista confiesa que en los últimos tiempos ha abierto su paleta a otros sentimientos, abandonando la tendencia a la desesperanza.