Abraham Lacalle

ENTREVISTA

¿Cómo definirías tu participación en Truck Art Project?

Es una explosión, y así se titula. Es una propuesta muy sencilla, pero me parecía que podía ser estimulante ver por la ciudad un medio de transporte con una explosión en la caja. Vivimos en un estado de alarma, de miedo en superprotegidas grandes ciudades. La obra se convierte así en una especie de recordatorio balsámico de ese fantasma amenazador de una agresión no esperada.

¿Cómo dialogan, en tu caso, las dos caras del camión?

En realidad son dos versiones de la misma idea. El punto de partida es el de representar la explosión en su primer momento: Humo negro y fuego en el interior, el de la detonación. Lo que he intentado es pintarlo de forma que responda al efecto del movimiento del vehículo. Cada cara es una versión de la misma idea. Para mí es difícil pintar dos veces lo mismo.

¿Cuáles son los retos del proyecto para ti?

Como mencioné antes, es importante captar la atención del espectador en cuanto a mi trabajo se refiere. Me parece curioso la inversión que se produce, al ser la imagen la que está en movimiento. En un museo o en una galería, el que se desplaza es el espectador. De todas formas, no es nada nuevo ver una imagen en un camión de transporte. Quizás sí que pueda sorprender la factura. Porque lo que presento no es un vinilo: se trata de una pintura directa, con su textura y sus imperfecciones, un resultado que se aleja de la imagen publicitaria. Supongo que esto se captara y provocará una atención diferente.

¿Cómo se inserta este proyecto en tu trayectoria y en tu discurso?

Perfectamente. Yo he trabajado en pintura mural en alguna ocasión, y aquí se trataría de una versión nueva, solo que “en movimiento”. Siempre estoy dispuesto a participar en proyectos que difundan el trabajo fuera de los cánones establecidos. Hay que salirse de las salas de exposiciones. Algunos creadores admiten que llegaron con una idea previa que tuvieron que ir modificando o que creció hacia otros derroteros al enfrentarse a un soporte como éste.

¿Ha sido tu caso?

No. Hice lo que tenía pensado, lo que llevaba previamente en la cabeza. Solamente esbocé un pequeño dibujo a bolígrafo para enseñárselo a Fer Francés, el comisario, que fue el que me lo pidió. Mi intervención fue directa, sin boceto sobre el soporte. Tenía claro que había de ser una imagen clara y contundente que se pudiera apreciar en movimiento y que se relacionara con su soporte.

¿Cómo te has planteado la recepción de una obra como ésta, en la que el espectador se encuentra con ella, no la busca, y que no “circula” por los cauces habituales del arte?

No lo he pensado mucho. Sólo me ha parecido interesante participar. Se me ocurrió lo que podía hacer y lo llevé a termino. Las estrategias de mercado son siempre confusas. Piensas en el sentido del proyecto, en quién más lo va a hacer contigo… Pero al final, yo siempre pongo en duda la relación causa-efecto. Formo parte de algo así porque siento que está bien. Y lo hago, además, lo mejor que puedo. Con el máximo interés.

¿Y la fugacidad con la que se recibe?

Eso sí que es algo que tuve en cuenta. La imagen debe poder apreciarse en movimiento. Digamos que no le veía mucho sentido a algo que no se incorporara al camión. En realidad, mi propuesta es un trampantojo, por lo que se acopla a la arquitectura del vehículo. No estoy tan interesado en que se convierta en una plataforma de autopromoción, sino en un elemento de extrañeza en el contexto de la ciudad. Además, me parece bien que un empresario se asocie a este tipo de proyectos.

¿Cómo te has enfrentado a la escala? ¿Estabas acostumbrado a ella?

Sí. Como dije antes, he hecho bastante pintura mural, por lo que la escala no era ningún reto para mí. Disfruto mucho cuando tengo la oportunidad de afrontar la pintura fuera del bastidor. El cuadro siempre es como una ventana, es una sensación física. Está ahí, en medio de la pared, rodeado de espacios en blanco. Con la pintura mural y, en este caso, con el cajón del camión, se experimenta otra sensación física. Algo así como meterte dentro de la propia pintura.

¿Qué te aporta a ti una participación como ésta y qué crees que le aportas tú al proyecto?

Me parece muy interesante la posibilidad de poder situar la pintura en otros contextos fuera de los salones de la cultura. Eso la desacraliza.

¿Por qué es interesante un proyecto como Truck Art Project?

Como comenté antes, me parece que se trata de un retorno a la sociedad por parte de una empresa privada. Esto en sí es positivo.

Abraham Lacalle (Almería, 1962), formado en Sevilla y residente en Madrid, es uno de los artistas más destacados y con mayor proyección internacional de su generación. Se define ante todo como pintor. «La pintura en sí misma contesta o está en confrontación con el pasado y la contemporaneidad». Su trayectoria artística comienza a finales de los años ochenta alrededor de la galería La Máquina Española y la revista Figura. En ella son constantes las referencias a los principales movimientos artísticos y literarios que jalonan el siglo xx. Durante la última década el artista almeriense ha centrado su atención en la fuerza expresiva de los paisajes, género que ha supuesto un punto de inflexión en su camino creativo. Sus obras exploran la difícil relación entre el ser humano y el entorno natural con una perspectiva que invita a plantear una cierta «ética medioambiental». El creador siente predilección por los grandes formatos, donde las paredes parecen esfumarse y el espectador se siente impelido a penetrar en el cuadro. Su obra forma parte de las colecciones del CAAC - Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (Sevilla), el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo (Palma de Mallorca), la Colección Santander (Madrid) o el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid).