Marina Vargas

ENTREVISTA

¿Cómo definirías tu participación en TruckArtProject?

No he cambiado mi trabajo, ni mi idea, por tratarse de un proyecto de características y soporte inusual. El título de mi propuesta es Allí donde los rayos de la razón se quiebran el corazón manda; o, dependiendo de si vemos primero un lado u otro, El corazón manda allí donde los rayos de la razón se quiebran. Normalmente en mi trabajo está muy presente el Sagrado Corazón, por ser la primera imagen religiosa que introduce una mujer: la de Santa Margarita de Alacoque. Esta es la imagen que terminan llevando algunos militares en su pecho como símbolo de protección hasta llegar a difundirse por el mundo para formar parte del imaginario popular como amuleto sin estar relacionado concretamente con el Catolicismo. La propia imagen adquiere miles de representaciones sin dejar de perder su esencia. Todo esto me llevó a pensar en cuestiones como los de “circulación” y “arterias”, conceptos usados tanto en el ámbito de la anatomía como en el de la conducción. Así que el hecho de pensar en un camión que circula me llevó al corazón como motor. De esta manera, una imagen vino a mi en bloque: El emblema de la Casa Museo de los Tiros de Granada. Yo nací en esa ciudad. En su momento, en La Casa de los Tiros se almacenaba piezas de artillería y armas, aunque actualmente es una sala de exposiciones. Como digo, la imagen me vino de golpe junto al título de un proyecto que tenía en mente y que nunca salió a la luz: “Allí donde los rayos de la razón se quiebran”, frase del libro Carta a lo rectores de las Universidades Europeas, de Antonin Artaud. Concretamente, un fragmento que dice: “En la estrecha cisterna que llamáis «Pensamiento», los rayos del espíritu se pudren como parvas de paja. Basta de juegos de palabras, de sintaxis, de malabarismos formales; hay que encontrar –ahora– la gran Ley del corazón, la Ley que no sea una ley, una prisión, sino una guía para el Espíritu perdido en su laberinto. Más allá de aquello que la ciencia jamás pueda alcanzar, allí donde los rayos de la razón se quiebran contra las nubes, ese laberinto existe, núcleo en el que convergen todas las fuerzas del ser, las últimas nervaduras del espíritu”. Me interesó que este mensaje estuviera en el camión en constante movimiento a pie de calle. Pensé que sería bello.

¿Cómo dialogan, en tu caso, las dos caras del camión?

Una y otra cara forman la pieza. Aunque si se viera sólo una (que cabe la posibilidad), creo que crearían el interrogante que busco. Ambos lados están en plena conexión e independientemente tienen un por qué.

¿Cuáles son los retos del proyecto para ti?

El mayor reto ha sido el tiempo. Suelo trabajar sola en mi estudio y en mi intimidad. Estar en contacto con otros artistas o compañeros con los que compartes el proceso cambia mucho el proceso en el que trabajas. Estos factores te llevan a otro ritmo. Hay muchas formas de trabajar, y cada una lleva su tiempo; sin que sea un factor que sume o reste, pero es algo real. Así que me vi en un reto personal del que aprendí y con el que me siento satisfecha. Para eso son los retos: para crecer y superarlos. Creo que si llegara con todo estudiado para ser resolutiva y efectiva me dedicaría a hacer publicidad, algo que valoro, pero que se aleja de mis intereses. Si te sumerges en lo que haces, lo que haces te habla. Y eso debe ser respetado.

¿Cómo se inserta este proyecto en tu trayectoria y en tu discurso?

Creo que en mi discurso y en mi trayectoria es una pieza más de las que he hecho y de las que quedan por hacer. La mido bajo el mismo baremo, independientemente de las características del proyecto.

Algunos creadores admiten que llegaron con una idea previa que tuvieron que ir modificando o que creció hacia otros derroteros al enfrentarse a un soporte como éste. ¿Ha sido tu caso?

No he cambiado de idea, pero sí la manera de ejecutarla formalmente para agilizar el proceso. Sin cambiar por ello mi forma de trabajar. En alguna que otra ocasión he empleado algunas piezas de este formato, pero invirtiendo el tiempo que cada pieza me pedía. En este caso, había que agudizar todo los sentidos para agilizar la labor. Porque el camión llegó un viernes a las 20:00 h y salía el lunes para trabajar de nuevo, de forma que marchaba con el inicio del trabajo y no regresaba hasta el próximo fin de semana. Esto hacía que tuviera un tiempo limitado de ejecución. En mi caso, necesité dos fines de semana para terminarlo y, hasta entonces, he sido el único artista que ha necesitado más tiempo. Esto era algo que me estresaba mentalmente, aunque contara con todas las facilidades por parte de Jaime Colsa y su equipo.

¿Cómo te has planteado la recepción de una obra como ésta, en la que el espectador se encuentra con ella, no la busca, y que no “circula” por los cauces habituales del arte?

Ese aspecto del proyecto es el que más me interesa: una obra que se ve a pie de calle y que el espectador se encuentra sin buscarlo y en su cotidianidad. Creo que dedicarse al arte no es algo que nos haga estar al margen de la sociedad, ni ser diferentes, ni especiales al resto del mundo. Lo que más me atrapa de TruckArtProject es que sus vehículos circulen y vivan en nuestro entorno sin que nadie tenga el control: ni galerista, ni el propio mecenas, ni el comisario, ni el artista. El proyecto vive en la calle y en la calle todo circula a su manera.

¿Y la fugacidad con la que se recibe?

La fugacidad, para mí, ha sido un factor más positivo que negativo. Creo que cada vez es menor el número de espectadores que dedica el tiempo necesario para ver arte dentro de museos y galerías. Incluso me atrevería a decir que existe cierta pereza a dedicar el tiempo necesario que cada pieza requiere. Que la obra se vea en un tiempo breve, pero en un entorno cotidiano e inesperado, hace que entremos en otra dimensión de tiempo que si se dedicara ese mismo tiempo dentro de una galería o un museo. Creo que el hecho de que la intervención se encuentre de forma inesperada la transforma en un filtro más directo e inmediato para el espectador y deja otro tipo de huella en él, consiguiendo que éste se cuestione más tarde lo que ha visto sin tener que estar ya delante de la pieza.

¿Cómo te has enfrentado a la escala? ¿Estabas acostumbrado a ella?

Sí que he trabajado piezas en esta escala. Pero dedicando el tiempo que exigía cada una, sin apresurarme. Y tanto como acostumbrarme… Digamos que no me tiembla el pulso, ni las rodillas ante algo así, pero eso no significa que esté acostumbrada. Si así fuera, dejaría de hacerlo, porque no me sorprendería y no aprendería nada de ello.

¿Qué te aporta a ti una participación como ésta y qué crees que le aportas tú al proyecto?

Un proyecto de este tipo me da la oportunidad de tener una pieza fuera del ámbito artístico convencional. Y la obra será vista por muchas personas, fuera y dentro de ese mismo ámbito artístico. En un proyecto de estas características, normalmente suelen trabajar artistas urbanos cuyo ámbito es la calle. En cierta manera, es más usual para ellos este tipo de labores, aunque ellos también expongan en galerías, y actualmente en el mercado no exista una limitación de ningún tipo. Pero creo que el hecho de que participen artistas que no trabajamos usualmente en este plano como Abraham Lacalle, Carlos Aires y yo misma, nos ofrece la oportunidad de acercar nuestro trabajo a la calle. Que nuestro ámbito de trabajo más común sea la galería o el estudio, eso no significa que nuestra labor no tenga que ver con lo social y que no nos interese lo que nos rodea. En este sentido, creo que esta fusión es enriquecedora para ambas partes.

¿Por qué es interesante un proyecto como TruckArtProject?

Creo que deberían existir más proyectos de este tipo. Y más viendo el momento en el que se encuentra la cultura en nuestro país. Son muchas las empresas en Europa y en Estado Unidos que apoyan al arte en cualquiera de sus manifestaciones. Sería genial que este proyecto se contagiase como un virus y aparecieran más empresas que apostasen por la cultura y el arte, porque eso enriquecería y solidificaría el panorama tan frágil e inestable que tenemos y permitiría acercárselo de una manera más natural y directa a personas que no lo habían hecho antes.

Marina Vargas (Granada, 1980) es una artista multidisciplinar que se expresa a través de la pintura, la escultura, los tapices, la fotografía o las performances. «Por momentos hago lo que puedo, pero, por encima de todo, intento hacer lo que quiero», declara. Su obra está inspirada en la iconografía clásica, lo sagrado y lo mitológico. Imagina formatos monumentales traspasados por una mirada comprometida y feminista. Sus proyectos son fruto de una larga etapa de investigación y estudio, con el resultado de exquisitas puestas en escena. En sus obras gravitan temas eternos como la sexualidad, el deseo, la feminidad, la violencia o el amor. Sus creaciones han sido presentadas en varias ferias internacionales de arte contemporáneo como ARCO Madrid, Zona Maco (Ciudad de México), Cosmoscow International Contemporary Art Fair o Contemporary Istanbul, entre muchas otras. En 2021 el espacio CentroCentro del Ayuntamiento de Madrid acogió su obra más impactante, Intra-Venus. Una gran escultura en mármol de Carrara, reflejo de su propio cuerpo, que muestra su experiencia tras sufrir un cáncer de mama. La obra refleja las dos caras de la enfermedad: frente a las adversas huellas sobre el cuerpo, emerge un brazo erguido, símbolo feminista del poder y, en el caso de la artista granadina, espejo de un triunfo personal.